Hay unos que se abrazan ahí enfrente y forman una cruz con los brazos y se agarran la manos. Y otro que riega las plantas después de un día de lluvia. Y un árbol que se nos podría caer encima en cualquier momento. Y mi papá que compró acciones de una marca de desodorante japonesa y no para de hablar de eso. Y mi mamá que la miro y presiento que un día se va y no vuelve más.
Y bajo al garage y hay una moto que nunca vi. Bajan papá y mamá y dicen “es para vos” y yo los miro. No puedo decir nada. No tengo registro de moto. Pero papá me lee el pensamiento y me dice que me trucharon uno. “Que la pruebe, que la pruebe” cantan los dos unas tres o cuatro veces. Yo sonrío mirando para otro lado pero creyendo que les sonrío a ellos. “No sin un casco” oigo salir de mi boca. Ok. No me esperaba decir eso pero lo digo y en definitiva está bien. No me conviene salir sin casco. “Uy sí” dice mamá. Parece que se les pasó el tema del casco.
Se colgaron mucho tiempo con eso. 42 días después papá llega a casa con una bolsa papel madera. Adentro un casco que era de un compañero de trabajo. Parece que él había tenido moto pero el hermano murió en un accidente de moto en Misiones y él no quiso volver a usarla y la vendió pero se quedó con el casco. Y finalmente se lo vendió, prestó o regaló a papá. No sé. Hace un calor tremendo pero yo me calzo el casco igual y me voy a ver al espejo. Tengo puesto un vestidito negro que me marca bastante las curvas. Me identifico con Cameron Díaz. Papá y mamá me acompañan hasta la puerta y me aplauden mientras me alejo con la moto.
lunes, 27 de octubre de 2008
miércoles, 20 de agosto de 2008
roma
un hombre le ruega a su esposa que lo mire
al afeitarse
es un huesped eterno
en esa casa
donde vuelan por la noche
los billetes
desvalijados por sus hijos esclavos
marítimos
espontáneos
arqueados
expertos
en divisar
la falta
en la adversidad
de remotas intemperies
un hombre está cansado
si no está en casa
una mujer sabe acompañar
se
estampa
contra los vidrios
nunca
puede estar sin decir
la verdad
Los pechos crecen
el corazón se hiela
para estar ahí
con ese hombre
que ni lo es
él no habla el idioma
Lo comentará hasta el hartazgo
lujoso
de las vitrinas donde trabaja
Los muerciélagos la atacan
porque es
de todas
la más gimnástica
la más espinosa
la más fuerte
Perfumada por un diablo
los hombre la acomplejan
Por fin descubrimos
gemelas al espejo
que estamos casadas
al mismo marido
somos divinas
prácticas
actrices y rompedientes
de alguien
perplejo
asustado en el cuarto de juegos
con un pecho
poderoso
un latir de corazón musical
y una obsesión de no tener nunca jamás
barba
al afeitarse
es un huesped eterno
en esa casa
donde vuelan por la noche
los billetes
desvalijados por sus hijos esclavos
marítimos
espontáneos
arqueados
expertos
en divisar
la falta
en la adversidad
de remotas intemperies
un hombre está cansado
si no está en casa
una mujer sabe acompañar
se
estampa
contra los vidrios
nunca
puede estar sin decir
la verdad
Los pechos crecen
el corazón se hiela
para estar ahí
con ese hombre
que ni lo es
él no habla el idioma
Lo comentará hasta el hartazgo
lujoso
de las vitrinas donde trabaja
Los muerciélagos la atacan
porque es
de todas
la más gimnástica
la más espinosa
la más fuerte
Perfumada por un diablo
los hombre la acomplejan
Por fin descubrimos
gemelas al espejo
que estamos casadas
al mismo marido
somos divinas
prácticas
actrices y rompedientes
de alguien
perplejo
asustado en el cuarto de juegos
con un pecho
poderoso
un latir de corazón musical
y una obsesión de no tener nunca jamás
barba
jueves, 7 de agosto de 2008
berlín
El sol me pega fuerte en la cara
justo cuando menos lo necesito.
¿Soy como un producto casero o como un producto envasado?
Todo lo que pruebo es delicioso adentro mío pero quiero que sea siempre mío.Siempre dentro de mí.
Observo a las parejas en las estaciones de tren, a los hombres de oficinas que hacen chistes para ocultarse mutuamente un pensamiento recurrente sobre las manos de sus esposas allá
enguantadas
¿No sería más positivo guardar en carpetas las respuestas a las preguntas importantes que alguien nos hace? Quiero no pensar nunca más en la vida. Me quedan cientos de frutas por descascarar.
Esta gente no quiere mirarme a mí que me toco el pelo para que no se olviden de que existo. Soy inocente.
Un par de niños me venera. Ellos hablan de dignidad, de derechos humanos. Yo creo que son insportables. Pero a menudo puedo llegar a creer eso sobre los que quiero. Mañana podrían ser mis hijos amantes. Yo quisiera estar rodeada de niños ayudantes que me digan qué excusas puedo dar a los guardias de las puertas de los lugares a donde quiero entrar. Ellos me pedirían pasteles, que sólo valen por su altura y por su parecido con las esponjas de baño. Ellos me dirían la verdad. Me dirían que soy yo quien debe estar aquí. Que no me equivocaba. Que siempre voy a ser mirada.
Podría renunciar a mis uñas, a la crema, a las frutas secas, a las motos, a las palmeras, a los skies, a los carnavales, a los laberintos, a los perros, a los cómics, al bowling, al fernet, a las malas palabras, a usar brillos en la ropa, a la cerveza, al sandwich de milanesa, a la margarina, al autocine, a hacer dedo, a pedir deseos con pestañas, monedas, fuentes, trenes. Renunciaría a todo eso (aunque no me cueste casi nada hacerlo) sólo para que alguien esté ahí y me vea llorar todas las noches.
justo cuando menos lo necesito.
¿Soy como un producto casero o como un producto envasado?
Todo lo que pruebo es delicioso adentro mío pero quiero que sea siempre mío.Siempre dentro de mí.
Observo a las parejas en las estaciones de tren, a los hombres de oficinas que hacen chistes para ocultarse mutuamente un pensamiento recurrente sobre las manos de sus esposas allá
enguantadas
¿No sería más positivo guardar en carpetas las respuestas a las preguntas importantes que alguien nos hace? Quiero no pensar nunca más en la vida. Me quedan cientos de frutas por descascarar.
Esta gente no quiere mirarme a mí que me toco el pelo para que no se olviden de que existo. Soy inocente.
Un par de niños me venera. Ellos hablan de dignidad, de derechos humanos. Yo creo que son insportables. Pero a menudo puedo llegar a creer eso sobre los que quiero. Mañana podrían ser mis hijos amantes. Yo quisiera estar rodeada de niños ayudantes que me digan qué excusas puedo dar a los guardias de las puertas de los lugares a donde quiero entrar. Ellos me pedirían pasteles, que sólo valen por su altura y por su parecido con las esponjas de baño. Ellos me dirían la verdad. Me dirían que soy yo quien debe estar aquí. Que no me equivocaba. Que siempre voy a ser mirada.
Podría renunciar a mis uñas, a la crema, a las frutas secas, a las motos, a las palmeras, a los skies, a los carnavales, a los laberintos, a los perros, a los cómics, al bowling, al fernet, a las malas palabras, a usar brillos en la ropa, a la cerveza, al sandwich de milanesa, a la margarina, al autocine, a hacer dedo, a pedir deseos con pestañas, monedas, fuentes, trenes. Renunciaría a todo eso (aunque no me cueste casi nada hacerlo) sólo para que alguien esté ahí y me vea llorar todas las noches.
viernes, 20 de junio de 2008
domingo, 15 de junio de 2008
Estaba mirando recién las pelotudeces que escribí ayer en el blog. Me dan asco, pero las voy a dejar porque sino siento que estoy haciendo trampa. Me gusta la idea de mirarlo dentro de unos años y entender porque dejaba esas grasadas que a nadie le importa leer. Es que por momentos me quiero esmerar en escribir de un modo copado cosas sobre mi vida sin exponerme, como lo hace tanta gente que leo. Me encantan esos blogs de gente que habla de su vida pero sin mostrarme detalles que se guarda para la intimidad. Y asu vez comparten algo íntimo porque es lo que te hace querer leerlo, bah, por ahí eso sólo algo personal. Yo creo que no sirvo para escribir esa clase de cosas. Soy mejor cuando escribo cosas que no tienen que ver conmigo, biográficamente hablando. Estoy empezando a asumirlo, mientras tanto dejo estos mensajes raros de domingo.
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